Un largo y áspero debate (Anatel)

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A trece de días de la cita con las urnas, los ocho candidatos a la Presidencia protagonizaron anoche un desprendido y áspero debate electoral de casi tres horas, que fue retransmitido por todos los canales de la televisión en descubierto y fue seguido por cuatro de cada diez televidentes.

El debate, organizado por la Asociación Doméstico de Televisión (Anatel), fue el postrer de los tres celebrados en esta campaña electoral para que los candidatos expusieran sus ideas y propuestas de gobierno, entre las que no hubo mención alguna a asuntos como inmigración, relaciones exteriores o violencia machista.

La cita contó con la décimo de los ocho aspirantes a La Moneda: Sebastián Piñera, Alejandro Guillier, Beatriz Sánchez, Situación Enríquez-Ominami, José Antonio Kast, Carolina Goic, Alejandro Navarro y Eduardo Artés.

El debate registró momentos de gran intensidad cuando los periodistas interrogaban a los candidatos autónomamente; languideció en el turno de preguntas sobre seguridad, pertenencias, sanidad y educación, y viró alrededor de los ataques directos e incluso las descalificaciones personales en la recta final.

Fueron las dos candidatas -Carolina Goic, de la Democracia Cristiana, y Beatriz Sánchez, del Frente Amplio- quienes mostraron más templanza y evitaron los reproches con destino a sus contendientes.

En la víspera del armonía, las miradas más críticas estaban puestas en el ex Presidente Sebastián Piñera, quien había anunciado una reducción de 7.000 millones de dólares a costa de programas sociales mal ejecutados, y del pretendiente oficialista Alejandro Guillier, por su valor de postergar la entrega completa de su programa de gobierno.

De hecho, el debate empezó con una interpelación a Piñera sobre cuáles serían los programas que se verían afectados por ese ajuste, que representa un 2,5 % del PIB.

“No habrá despidos masivos. Ningún funcionario que cumpla su labor será despedido. Pero los operadores políticos que trabajan para los caciques, tendrán que abandonar sus puestos”, dijo.

En tanto Guillier argumento que su programa “no es producto de un fin de semana”, sino que viene trabajando en él desde el mes de enero.

Uno de los momentos más tensos de la confusión llegó cuando el candidato del Partido Progresista, Ámbito Enríquez-Ominami, proclamó que había dos candidaturas inhabilitadas.

“La de Sebastián Piñera, cuyos ex asesores son abogados de los narcos, y la de Alejandro Guillier, que no dijo nada por los eventuales vínculos del alcalde de San Ramón con el narcotráfico”.

Adicionalmente, Enríquez-Ominami, que es hijo de Miguel Enríquez, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), emplazó a Guillier a que sacara de su equipo de campaña al diputado Fernando Meza, quien este lunes dijo en las redes sociales que si el padre de Ámbito estuviera vivo, “le metería un tiro por traidor”.

Ésa fue la ocasión en que Piñera y Guillier usaron su derecho a réplica.

La candidata de la Democracia Cristiana, Carolina Goic, que cuenta con un 6% de apoyo en las encuestas, se mostró convencida de que pasará a una eventual segunda reverso, prevista para el 17 de diciembre, y marcó diferencias con los candidatos de la izquierda.

Por su parte, el candidato José Antonio Kast criticó a Guillier por no ojear que en la región de La Aaraucanía, tablado del llamado “conflicto mapuche”, existe terrorismo, a su seso.

Kast y Guillier volvieron a ventilar sus diferencias ideológicas con reproches: el representante de Fuerza de Mayoría le recomendó al parlamentario conservador que fuese a un hospital psiquiátrico y éste le emplazó a que se sometiera a un test antidrogas.

Todavía Beatriz Sánchez, candidata del Frente Amplio, se refirió al patrimonio de Piñera cuando habló de implementar un “impuesto a los súper ricos” consistente en hipotecar con un 2% las fortunas de más de cinco millones de dólares.

Una las propuestas más novedosas del debate la planteó Ámbito Enriquez-Ominami, quien habló de poner bajo resguardo de militares sin armas a los menores que hayan cometido delitos.

Por extremo, el senador Alejandro Navarro abogó por la naturalización de los servicios básicos y defendió al gobierno de Nicolás Prudente, en tanto que Eduardo Artes se mostró convencido de que la familia saldría a la calle para defender su presidencia y dijo estar dispuesto a cerrar el Parlamento con tal de sacar delante algunas leyes.

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