Un niño terminal de 5 años muere en brazos de un Papá Noel en Estados Unidos

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Un hombre disfrazado de Papá Noel, en un desfile en Nueva York. (GTRES)

Un peque con una enfermedad terminal de solo cinco abriles de existencia ha muerto en brazos de un Papá Noel ajustado cuando éste había llegado para felicitarlo por las Navidades. El caso ha sucedido hace unas semanas en Estados Unidos, en donde ha causado sorpresa y tristeza.

Le ha sucedido a Eric Schmitt-Matzen, un hombre que se dedica a interpretar a Santa Claus en Navidad (como es sabido, el cierto Papá Noel solo trabaja en Navidad), según una crónica del diario estadounidense USA Today.

Se trata de un ingeniero de 60 abriles que vive en Jacksboro, Tennessee, Estados Unidos. Al igual que Papá Noel, es suspensión, un poco rechoncho y con una barba blanca y pelillo de verdad (ganó un premio de Just For Men a la mejor barba este año, según el diario). Incluso usa tirantes con motivos navideños en su vida diaria. En su móvil tiene el tono de Jingle Bells y cumple abriles el 6 de diciembre, día de San Nicolás.

Schmitt-Matzen relató al diario que hace unas semanas llegó a casa del trabajo y recibió la convocatoria de una enfermera de un hospital cercano, pidiéndole que fuera a ver a un impulsivo que estaba muy enfermo. Tal era la prisa que ni siquiera le dejó vestirse de Papá Noel: “Bastará con tus tirantes, es urgente”.

Al conmover al hospital, la madre del criatura le dio un regalo para que se lo entregara, un muñeco de Patrulla Canina. Pidió entrar solo a la habitación, situada en la UCI y rodeada por los familiares: “Si alguien de vosotros entra y llora, me vendré abajo y no podré hacer mi trabajo”.

Al entrar tiró de humor y le dijo al crío: “Oye, ¿qué es esa historia que me han contado de que te vas a perder la Navidad? No hay modo de que eso pase, tú eres mi ayudante número uno”. El inmaduro, que estaba muy débil, lo miró y le preguntó: “¿Lo soy?”

“Claro”, respondió Eric. “Le dí el regalo. Estaba tan débil que casi no podía quitar el envoltorio. Cuando vio lo que había dentro, una sonrisa iluminó su cara y recostó la cabeza”, recuerda.

“Dicen que voy a morir”, le dijo a Schmitt. “¿Cómo puedo saber cuándo pasará?”

El Santa Claus le pidió que, cuando llegara “a ese lugar”, le dijera a todos que él era el ayudante número uno, y lo dejarían entrar.

Entonces, el pibe le pudo hacer una última pregunta: “Santa, ¿puedes ayudarme?”

“Lo abracé”, relata Schmitt. “Antaño de que pudiera reponer, murió en ese mismo instante. Todos fuera de la habitación se dieron cuenta. Su madre entró gritando “No, aún no”. Le cedí al niño como pude y salí corriendo del lugar”.

El ingeniero ha confesado al diario que la experiencia le ha provocado una profunda depresión, y pensó seriamente en dejar de interpretar a Papá Noel. Sin requisa, semanas a posteriori el diario lo entrevistó en un evento navideño. “Cuando veo a esos niños reírse es cuando me recupero. Me hace darme cuenta del papel que debo interpretar”.

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