Vecinos le compran todas sus donas para que acabe y pueda ir a cuidar a su esposa

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Desde 1990, John Chan y Stella, su esposa, habían estado vendiendo donas y pasteles en su negocio llamado Donut City, en Seal Beach, California, hasta que una enfermedad postró en cama a Stella.

Recientemente ella sufrió un aneurisma cerebral, por lo que ha tenido que permanecer en una casa de reposo pues requiere vigilancia y atención constante; sin requisa, su cónyuge debe seguir trabajando para cubrir los gastos, y en un principio se cuestionaba cómo le haría sin la ayuda de su mujer y, sobre todo, cómo tendría tiempo para poder estar con ella.

Tradicionalmente su etapa comienza a las 4:30 de la mañana y se extiende hasta las tres de la tarde de los viernes, por lo que el cansancio dejaría todavía menos tiempo para estar juntos…

Vendedor de donas

Pero su suburbio, el vecindario, ha acudido en su apoyo y sus clientes frecuentes, que antaño le compraban una, dos o tres donas, ahora las llevan por docena para que pueda terminar más rápido su trayecto, no pierda moneda y sí gane tiempo para ir a cuidar a su mujer.

Si antiguamente terminaba hasta las tres de la tarde ahora acaba de traicionar todas sus donas a las 8:30 de la mañana, así que tiene prácticamente todo el día para ir con Stella. Esto de verdad es conmovedor y una muestra de que todavía hay fe en la humanidad.

Donut City

Marc Loopesko, que ha sido cliente durante 18 abriles, le contó a abc News en entrevista:

Todos nos pusimos al tanto de que deberíamos ir a la tienda de donas y comprar la viejo cantidad posible para que pueda traicionar todo, cerrar la tienda y ganar a la casa de reposo para trabajar con su esposa. Estamos muy unidos. Cuando hay una exigencia, positivamente damos un paso delante y nos unimos; dejamos de costado nuestras diferencias y nos ayudamos unos a otros.

Cuando compran una o dos docenas, dijo, las comparten con amigos, familiares, o perfectamente, con trabajadores municipales, bomberos o indigentes.

Donut City

Luego de una fiesta, Stella se sintió mareada, lo que terminó en la sala de emergencias. Permaneció 10 días sin cascar los luceros. Gracias a Dios se ha estado recuperando y ahora ya es capaz de escribir, gracias a la terapia que recibe y en la que John participa.

Por supuesto, John está muy agradecido con todos sus vecinos:

Me gustaría devolver a los vecinos de la comunidad que me ayudaron desde que mi esposa se enfermó. La comunidad me ha estado ayudando y apoyando.

Mi barrio me respalda

Cual debe de ser.

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