[VIDEO] Mujer que leyó mensaje a Juan Pablo II sobre la dictadura participa de spot por visita de Papa Francisco y denuncia al narcotráfico

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Durante la visitante del papa Juan Pablo II en 1987 en la población La Bandera de la comuna de San Ramón, una mujer subió a un proscenio y desde ahí, frente a miles de espectadores, leyó una carta al Sumo Pontífice para dar cuenta de los abusos cometidos bajo la dictadura de Pinochet, y la situación que estaba viviendo el país durante esos abriles.

“Vengo a contarle un poco de nuestras penas y pocas alegrías. Somos madres y esposas que buscamos el bien de nuestras familias, pero esto que parece tan sencillo, es bien difícil para nosotras. Por la cesantía y los bajos sueldos, queremos una vida digna para todos, sin dictadura. Por lo mismo vamos a visitar a los presos políticos y a los torturados, pedimos que se haga justicia y que vuelvan los exiliados. Acompañamos a los familiares de los detenidos desaparecidos y pedimos que se nos escuche y se nos respete. Y pedimos aquí su presencia que puedan volver nuestros sacerdotes expulsados del país”, dijo Luisa Rivera en ese entonces.

Con la próxima venida del mayor representante de la iglesia católica, el Papa Francisco, el Arzobispado preparó una campaña para su venida, en donde participa la mujer que estremeció al país durante la dictadura.

En un spot televisivo, se revisan pasajes de lo que fue su emotivo discurso en La Bandera, donde luego ella comenta que “me emociono un poco, me alegro en parte porque realmente dije lo que estaba pasando en esos momentos”.

Y frente a la pregunta, ¿qué le diría Riveros a un Pontífice 30 abriles posteriormente de su disertación?, Riveros avala que “ahora no hay balas, pero hay droga, hay hambre, hay muerte en el Senama, hay sufrimiento de la familia”. “El Papa, yo creo que debe saberlo, que en todos los países del mundo hay un sistema que corrompe, que es malo”, señala.

En esa misma linde, la mujer explica que “porque trabaja el papá y la mamá, la mamá sale a trabajar, los hijos se van a la droga de chiquititos, los traficantes les dan un papelillo y los niños ya se acostumbran a esa cosa. Entonces, ¿cuál es el beneficio? Si los hijos son sagrados”.

Finalmente critica que “los traficantes, cómo no los van a ver, si todo el mundo sabe dónde están, nosotros sabemos dónde están, pero nos da mucho miedo denunciarlos. Esto el Papa de ahora tiene que saberlo”, dice Riveros.

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