El lado oscuro de Roald Dahl, el creador de la popular novela "Matilda"

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Érase una vez un pequeño huérfano que vivía con sus dos tías, unas hermanas sádicas que abusaron de él y lo esclavizaron, acosándolo, pegándole y haciéndole acontecer penuria.

Sin confiscación, el huérfano se vengó, fielmente aplastándolas y finalmente escapando en una aventura con destino a una vida mejor.

No suena como el ambiente para un exitoso manual de niño. Pero, ¿qué tal si te dijera que el transporte usado en su huida fue una gigantesca fruta de piel velluda?

La novelística para niños “James y el melocotón gigante” surgió de las historias que Roald Dahl le contaba a sus hijas para tenderse.

El escritor britano ya había tenido un modesto éxito con sus cuentos para adultos publicados en revistas como New Yorker y Playboy.

Pero su primer tomo de niño dejó a muchos adultos profundamente perturbados y, aunque vio la luz en EE.UU. en 1961, no fue hasta 1967 que una editorial británica se arriesgó a publicarlo.

Al final resultó un éxito.

Luego vendrían 15 libros más, historias repletas de gula y flatulencias en las que esposas alimentan a sus maridos con lombrices y jóvenes son engullidos por gigantes y convertidos en ratones por brujas calvas sin dedos en los pies.

Hoy “El fantástico Sr. Zorro”, The BFG (“El buen amigo gigante”) y “Matilda” aparecen regularmente en las listas de los libros infantiles más populares de todos los tiempos.

Sin secuestro, la controversia sobre el autor, fallecido en 1990 a los 74 abriles, aún persiste.

En las décadas posteriores a su publicación, “James y el melocotón gigante” fue fustigado, entre otras cosas, por acusaciones de racismo, blasfemia, referencias a las drogas e insinuaciones sexuales.

Chocolate y brujas

Al hacer un examen más detenido de la obra de Dahl encontrarás poco que ofende a casi todo el mundo.

Así, los Oompa Loompa de “Charlie y la fábrica de chocolate” aparecen representados como pigmeos que dan gritos de exterminio, y los personajes femeninos tienden a ser cálidos o malvados, sin medias tintas.

Willie Wonka (en la foto, representado por el actor Gene Wilder en una adecuación cinematográfica) no practicaba lo que predicaba.

Y en “Cuentos en versos perversos para niños”, Cenicienta es señal “una sucia mujerzuela”.

Maria Nikolajeva, profesora de humanidades pueril en la Universidad de Cambridge, Reino Unido, rechaza la principios de que hay poco equívoco en los libros de Dahl.

Es uno de los más coloridos y divertidos autores para niños“, asegura.

Sin requisa, reconoce que hay problemas con sus puntos de apariencia, como en el caso de “Charlie y la fábrica de chocolate”.

“Wonka es vegetariano y solo come alimentos saludables, pero seduce a los niños con dulces. Es sumamente inmoral”, destaca.

En el caso de “Las brujas” el crío narrador, luego de ser convertido en ratón, decide no regresar a su forma humana por temor a morar más tiempo que su querida abuela.

“Decirle a los más jóvenes que muriéndose uno puede evitar crecer es algo cuestionable -llevado al extremo un estímulo al suicidio- y por lo tanto es un defecto tanto ideológico como estético”.

Lo menos que puede decirse de los Umpa Lumpas es que son personajes controversiales.
Lo menos que puede decirse de los Umpa Lumpas es que son personajes controversiales.

Sin confiscación, no se puede desmentir que Dahl sabía exactamente lo que le gustaba a sus jóvenes lectores: chocolates y brujas.

Y incluso cosas que sonaban repugnantes y que ilustraba con el uso delGobblefunk, el jerga que inventó para “El buen amigo gigante”.

“A los niños les gustan las historias asquerosas”, resalta Nikolajeva.

“Sirve como función cognitiva-afectiva: sabemos que es repugnante y esa comprensión nos hace superiores. Es saludable, pero debe ser repugnante combinado con el humor”.

Función “catártica”

Lo dudoso, a yerro de una palabra mejor, siempre ha sido un ingrediente secreto -y no tan secreto- en la humanidades de niño.

Como explica el sicólogo Moreno Bettelheim en su obra “Psicoanálisis de los cuentos de hadas”, lo sombrío tiene una función catártica.

“Sin esas fantasías el niño no llega a conocer mejor a su monstruo, ni se le sugiere como puede dominarlo”, apunta Bettelheim.

Dahl tuvo una vida difícil. Su hija mayor murió por enfermedad, y el mejor sufrió un accidente que lo dejó con daño cerebral.
Dahl tuvo una vida difícil. Su hija longevo murió por enfermedad, y el mejor sufrió un azar que lo dejó con daño cerebral.

“Se queda impotente con sus peores ansiedades, si no se le cuentan cuentos que dan forma a esas ansiedades y se le muestran maneras de superar esos monstruos”.

“El podrido Roald”

No es difícil ver de dónde Dahl pudo acontecer extraído sus propias formas oscuras.

Luego de perder a su hermana viejo y a su padre a los tres abriles, fue enviado a un internado.

En el primer convexidad de sus memorias, el autor relata la predilección del director del colegio por dar azotes tan brutales que sacaban familia.

Siendo piloto de avión en la Segunda Eliminación Mundial, Dahl estuvo cerca de la homicidio. Donado de desaparecido posteriormente de chocar, pasó el resto del conflicto en EE.UU.seduciendo herederas y viudas ricas en nombre de la contrainteligencia.

Su primer casorio con la actriz Patricia Neal no tuvo un final de cuentos.

La pareja perdió a su hija veterano por enfermedad y su único hijo sufrió un suerte que lo dejó con daño cerebral. Pocos abriles más tarde Neal sufrió varios derrames.

Fue Neal quien lo apodó “El podrido Roald”, refiriéndose a su carácter constantemente irritable.

Dahl la engañó con una de las amigas de la actriz y esa aventura acabó con el desposorio.

Igualmente podía ser un hombre desagradable fuera de casa y, a pesar de su enorme éxito, desdeñaba ser considerado un autor para niños

Adicionalmente, nunca evitó esconder su traumatizado antisemitismo.

Pero, ¿deberíamos dejar que esos aspectos de su personalidad nos arruinen la lección de sus obras?

"Matilda" (en la foto, en una adaptación al cine) es uno de los libros de Dahl que constantemente figura entre los favoritos de los niños.
“Matilda” (en la foto, en una adecuación al cine) es uno de los libros de Dahl que constantemente figura entre los favoritos de los niños.

“Francamente a mí no me importan los escritores como gente real”, dice tajantemente Nikolajeva.

“¿Habría sobrevivido Dahl siendo un dulce, benévolo contador de cuentos? ¿A quién le interesan historias dulces, benévolas?”.

Indudablemente, hubo un dato de provocación en mucha de su maldad, tanto interiormente como fuera de las páginas.

Como lo ilustran la vida de autores como Lewis Carroll, Margaret Wise Brown y CS Lewis, para ser un quimérico escritor para niños hay que conservar un cierto tipo pueril.

Citando al propio Dahl, al autor “le deben gustar los trucos simples, los chistes, los acertijos y otras cosas infantiles”.

Pero asimismo vale la pena memorar que si perfectamente lo de niño ha terminado refiriéndose a las cualidades positivas asociadas con la albor, en su forma más simple significa parecerse a un caprichoso.

Como observó el magnífico ilustrador y escritor Maurice Sendak: “En términos sencillos, un párvulo es una criatura complicada que te puede retornar alocado. Hay crueldad en la inicio, hay furia“.

Y si hay un sólo mensaje en los libros de Dahl para nosotros, los adultos, es que el mundo de un pibe no es solo dulzura y luz.

Tiene sombras igualmente y son extravagantes, escalofriantes, perversamente entretenidas.

 


Fuente:T13.cl