La derecha respira, pero con dificultad tras triunfo del “candidato de los empresarios que no quieren perder privilegios”

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La gran ojeada original que se hizo en Pimiento Vamos, una vez que la tendencia se instaló en un punto de no retorno para el triunfo de Sebastián Sichel, fue que la champaña primero se destapó en la sede del Partido Republicano, pues, a diferencia de Joaquín Lavín, el expresidente de BancoEstado no tendría la capacidad de absorber electorado de la derecha más dura. Un tema no beocio, considerando que José Antonio Kast ya aseguró que va a la primera dorso y, en las condiciones en que se encuentra el sector, el miedo a no producirse al balotaje se instaló como una existencia, frente a la dispersión de votos.

Lo de Sichel, el candidato descrito por la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, como el protegido de “los empresarios que no quieren perder privilegios, de los institutos de estudio que no quieren perder influencias y de los políticos que no quieren perder poder”, fue sin dudas  la gran sorpresa en el oficialismo, porque, si correctamente desde hace un tiempo a la momento –y según las encuestas– se había posicionado como el segundo más competitivo, nadie en su fuero interno imaginaba que el candidato UDI quedaría fuera de carrera en su tercer intento presidencial.

Ahora, uno de los grandes desafíos que se instalan a partir de este mismo 19 de julio, es si Sichel va a tener o no la capacidad de conquistar convencer y enfilar detrás de su candidatura a un conglomerado oficialista al que ninguneó en innumerables ocasiones, bajo la logística de que él no avala a órdenes de partidos, y del valencia de ser independiente, antipolítico y proveniente de una sinceridad de la que sus socios no están al tanto.

Y si acertadamente los más de 650 mil votos que obtuvo lo dejan en una posición competitiva, los heridos que fue dejando en el camino no son tan fáciles de olvidar.

El poseer ingresado “intempestivamente” a morderles electorado a sus socios de pacto, llevando a su molino muestras de apoyo públicas de figuras de renombre, como el presidente de la Cámara, el RN Diego Paulsen, o el senador UDI Alejandro García-Huidobro, y de esta forma ocurrir humillado a los candidatos de esas tiendas, nunca fue admisiblemente comprendido. A eso se suma la nula sintonía con Evópoli, partido que –a través de sus dos exministros, Gonzalo Blumel e Ignacio Briones– terminó por sacarlo del Tarea de Incremento Social, en momentos en que marcaba como el dirigente de cartera mejor evaluado.

En el caso del desbordismo, que sufrió un decisivo fracaso en las primarias, pero que sigue siendo una corriente de peso en la interna de RN, se acusó hasta el final minuto que los seguidores del ahora representante del sector les hicieron una “guerra sucia”, y que –recalaron– “no será fácil de perdonar”.

Más de alguno, fuera de micrófono, aseguró no tener intención alguna de sumarse a su campaña, pues “las deslealtades se pagan”.

Desde la UDI, un diputado y miembro de la comisión política del partido advirtió que “no le vaya a pasar lo del síndrome Matthei”, recordando la candidatura presidencial de la alcaldesa de Providencia, donde –todos se acuerdan– se le dejó botada. En RN, desde el sector derrotado, señalaron que ganó “el candidato de Andrés Allamand, Andrés Chadwick y Carlos Larraín, representantes fieles de la derecha del Rechazo”.

El peor proscenio

El peor de los escenarios que se dibujaba en la derecha días detrás, consideraba una combinación de dos hechos esenciales para resumir sus expectativas de ser competitivos hasta noviembre. El primero de ellos apuntaba a que fuese Gabriel Boric el campeón del Pacto Apruebo Dignidad, y el segundo, que se entrecruzara con una muy desvaloración décimo de su electorado. Y si perfectamente superaron la barrera psicológica, de igual guisa bajaron en cerca de trescientos mil sus votos, si se compara con la última alternativa de concejales, donde obtuvieron 1 millón 600 mil sufragios.

Si aceptablemente no quedaron fuera de carrera como varios estimaban en horas de la tarde, de igual forma saben que de aquí a noviembre jugarán en una cancha en desnivel, pues no solo fueron superados por cuatrocientos mil votos, sino que adicionalmente equivocación en esta matemática el grosor del votante de centroizquierda, que oficialmente no participó de esta desafío.

Con un poco más de 1 millón 300 mil votos, “el partido se juega”, repitieron varios en los diferentes comandos, como una forma de entregarse aliento. Pero la vistazo prócer genera conveniente más preocupación, la misma que han intentado disimular, y que en la historia fresco es la que dice que su sector no estaría leyendo acertadamente el panorama ni el estado en el que se encuentra el país.

Diversas fuentes al interior del conglomerado oficialista sinceraron la que calificaron como “paupérrima” campaña de Pimiento Vamos, donde no fueron capaces de situar en la memorándum ni una sola política pública para que se discuta, que todo se basó en las diferencias internas, pero no de programas sino de viejas rencillas.

Un analista del sector lo resumió diciendo que “si no ofreces nada, llegas tercero”, evidenciando una preocupación por no ser capaces de ofrecer alguna propuesta de futuro, y que hoy la única ofrecimiento que tuvieron para presentar fue la de “evitar que el comunismo llegue al poder”.

Pero esto no tiene relación con solo un mal desempeño, pues Pimiento Vamos viene hace rato a los tumbos, e intentando dar señales de pelotón que pocos “compran” positivamente en la interna y que, creen, se va a modificar en uno de los factores que pueden jugarles en contra de aquí a noviembre.

Una mala leída que los tiene situados con un Gobierno que más parece una piedra en el zapato que una plataforma para exponer su inspección país, a lo cual se le suma una seguidilla de malas decisiones –como ellos mismo reconocen– y que comenzó con el favor bombardeado por todos sus frentes a la iniciativa empleada en el mandato susodicho de la antaño Presidenta Michelle Bachelet, respecto de las consultas ciudadanas con miras a una nueva Constitución. A eso se le sumaron las palabras del exministro Andrés Chadwick, quien, iniciando esta suministro, en una exposición frente a la Sofofa, aseguró que no existía ninguna posibilidad de una nueva Carta Magna. Al carro se le agrega el haberse atrincherado en el Rechazo, que perdió 80-20.

Hoy en la derecha intentarán encontrar un relato que le entregue poco de mística a un sector que no la encuentra más allá del atrincheramiento de las propuestas en las diferentes esferas, como pueden ser la Convención Constitucional o el Parlamento, pero el gran problema –reconocieron– es que, de no tener un diagnosis popular , parece una tarea impracticable.