Perdió su casa y todo lo que tenía en un incendio pero logró rescatar a su perrito

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Mario tiene 56 abriles, es sordomudo y desde hace varios abriles vive en Mexicali, México en una humilde vivienda que desafortunadamente fue devorada por el fuego, al parecer provocado por una defecto en el sistema eléctrico. Sin bloqueo, a pesar de la pena de deber perdido todas sus posesiones materiales y de quedarse sin hogar, este hombre lloró de alegría porque pudo rescatar a su mejor amigo: su fiel perrito que es su único compañero.

Felizmente, no hubo heridos, pues los vecinos de Mario, al darse cuenta de que las llamas empezaban a cubrir todo, dieron aviso a los bomberos. Sin bloqueo, antaño de salir de la casa, este hombre buscó a su perrito, pero no lo encontró. Así que mientras llegaban las autoridades, trató de apagar el fuego con una manguera.

Él le hacía señas a los bomberos que lo único que le importaba era que sacaran a su perro con vida. Tras la desesperación, él trataba de apagar el fuego con una manguera cuando repentinamente entre las furiosas llamas, sale un bombero y le entrega a su perro. Mario se arrodilló y lloró de alegría sin que le importará su casa y su transporte.

-Fragmento de la nota publicada por Expresamente RGV

El incendio se extendió tan rápido que no hubo guisa de rescatar los muebles, ropa y demás posesiones materiales de Mario, incluso su automóvil terminó envuelto entre las llamas, pero a este hombre lo único que le importaba era su fiel compañero. Felizmente, uno de los bomberos pudo ingresar y sacar al perrito, lo que generó una conmovedora número.

El aprecio entre estos dos seres es indudable, por eso Mario no pudo contener las lágrimas de alegría al reencontrarse con su amigo. Él sabe que tal vez ahora le costará más trabajo la vida, pero incluso que siempre puede rehabilitar su casa para tener un hogar, retornar a comprar muebles y un coche, pero que de ningún modo podrá reemplazar a su mejor amigo. Este hombre nos demuestra que en ocasiones le damos más valencia a lo material y nos olvidamos de lo más importante, lo que verdaderamente nos hace felices y es insustituible.