Morsa se quedó dormida en un iceberg en el Ártico y despertó en Irlanda

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Seguro alguna vez te ha pasado que estás de fiesta, pero luego todo se nubla y despiertas en otra casa que no es la tuya o incluso en otra ciudad o país, sin memorizar cómo fue que llegaste ahí. Eso le pasó a una morsa, a quien no se le pasaron las copas, sino que simplemente se quedó dormida en un trozo de hielo en el Ártico y flotó hasta asistir a Irlanda.

Alan Houlihan caminaba por la costa de la Isla de Valentia, en Irlanda, en compañía de su hija de cinco abriles cuando ella le dijo que mirara a un enorme animal que se encontraba ahí. A la distancia, pensó que se trataba de una foca, pero luego de observar los colmillos y el tamaño de este ejemplar, supo que se trataba de una morsa, poco que no es popular encontrar en este país, pues está allá de su hábitat natural.

Las morsas acostumbran reposar sobre rocas o pedazos de hielo en el círculo polar ártico luego de manducar grandes cantidades de cangrejos, peces y mejillones, pues esta especie puede ganar a pesar hasta 1700 kilos, por lo que necesitan de mucho alimento para subsistir. En este caso, el pedazo de hielo se desprendió del nevero y la corriente lo llevó hasta las costas de Irlanda.

Al parecer, la morsa viajó durante algunas días hasta conseguir a Irlanda, así que estaba muy cansada, hambrienta y desorientada. Este gran animal fue trasladado a un zoológico nave, donde está recibiendo atención para que se recupere, pues encima estaba deshidratada. De esta guisa se retraso que se pueda reubicar de nueva cuenta en su hábitat, que está a cientos de kilómetros de distancia.

Esta historia deja en claro que el tema del cambio climático sigue siendo un oneroso problema y, por lo tanto, la población mundial debe concientizarse. De hecho, varios expertos apuntan a que esto será cada vez más popular, pues los glaciares poco a poco se descongelan y estos trozos navegarán sin rumbo, como en este caso con alguna morsa u otra especie encima, poniéndolos en un severo peligro al salir del extensión en el que están acostumbradas a radicar.